No sé quién fue el que dijo que la Historia era una cuestión demasiado seria para dejársela a los historiadores. La Historia es vanidosa, se alimenta de amor propio, y cuando alcahueteamos en ella siempre pasamos de largo sus páginas más incómodas, como cuando hojeamos el álbum de nuestra adolescencia. A nadie le agrada airear ni al cierzo ni al bochorno los deslices de su juventud descerebrada. Pero hay que aprender de los errores del pasado y para ello no nos queda otro remedio que rememorarlos. La Historia no está escrita por los vencedores, como nos insinuaron y quisieron hacer ver, sino por una élite de figuras egregias que se han repartido el pastel con todas sus puntillas de merengue, mientras al vulgo no le quedaba otra que conformarse con las raspas. En la Historia siempre ha habido unos perjudicados, las víctimas, y si de verdad queremos hacer memoria histórica, comencemos, pues, por ellos. Que sean ellos los que reescriban la Historia.
Colección de artículos publicados mensualmente en la revista Entorno de la Zona Media de Navarra. Ilustraciones: Maribel Tena
lunes, 19 de marzo de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Los girasoles ciegos
Hoy me he propuesto analizar un libro por el sencillo hecho de ser un caso único: es el único que he empezado a releerlo antes de acabarlo, con lo que he estado leyéndolo y releyéndolo a la vez.
“Los girasoles ciegos” es una novela de autor con la que Alberto Méndez ganó, a título póstumo, el Premio Nacional de Literatura. No escribió más que ese libro, falleciendo a los pocos meses de ser publicado, por lo que apenas se encuentran entrevistas suyas.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Querido hijo:
Ya sé que estas no son maneras de felicitarte, así, mediante una nota que al tacto resulta bastante más áspera que un beso. Pero no me queda otra. Soy consciente de que las posibilidades de poder celebrar contigo tu decimoctavo cumpleaños son tan reducidas como las de poder celebrarlo con tu abuela, que en paz descanse. Pero del regalo no me he olvidado, no. El regalo es algo que tu padre y yo llevamos más de tres años preparando, exactamente desde el mismo día de nuestra separación. Porque siento decirte que el amante que todas las noches me reclamaba junto a su lecho en la otra punta de la ciudad no era otro que tu padre y que nuestra separación no fue más que un montaje urdido con la intención de poder disfrutar de un hogar, sin los sobresaltos de ver pasar repentinamente una sombra sin figura, un intruso sin modales. Así que para que no te vuelvas a sentir importunado por los sonidos antinaturales de un despertador o una lavadora y te puedas explayar a tu gusto, hemos decidido regalarte el piso.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Memorias de África
No hace mucho que leí un libro que ha despertado en mí una extraña sensibilidad por todo lo que concierne a África. Es un libro especial porque es simbiosis de una doble pasión: la pasión por un continente exótico y la pasión por narrar. Se titula “Lejos de África”, aunque sea más bien universalmente conocido por “Memorias de África”, la película que tomó como base la biografía de una mujer singular.
sábado, 15 de octubre de 2011
Nada podía irnos peor
Tierra, sol y luna. Esta es la constelación a la que nos sentimos ligados desde hace millones de años. Nada ha cambiado desde entonces. Seguimos contemplando los tres astros de la misma manera que lo hicieron nuestros antepasados en el albor de los tiempos. Ellos también se quedaron prendados de los atardeceres y de las noches de luna llena, estableciendo un vínculo directo y emocional con ellos que hacía que los consideraran como elementos mágicos. Tradujeron su magia intentando buscar ligazones que dieran comprensión a la vida y a su existencia. Encontraron “simpatías” entre elementos (luna, mes, mujer) que daban explicaciones a los ciclos que percibían en la naturaleza y en ellos mismos. Todo el debate estaba circunscrito a los límites que la física marcaba al humano. Nada había más allá… hasta que nuestro cerebro fue segregando la metafísica.
martes, 27 de septiembre de 2011
Alba que nunca muere
“Te voy a llevar a ver tu primera revolución”. “Y eso… ¿qué es?” “Pues como un cambio, pero a lo bestia”. “¿Cómo la galerna del otro día en la playa?” “¡Exacto!”
El viajero que sabe perderse
Viajar ya no es lo mismo. El ritmo de vida que llevamos hace que queramos someter nuestras experiencias a los designios de la moda y a los caprichos de este mundo prosaico que nos está tocando vivir. Y algunos conceptos, como es el caso del “viajar”, sufren y se adecuan a nuestras excentricidades.
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